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El maraton de Darío

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Llega febrero y, como todos los años, en Sevilla huele a maratón. A diferencia de las 3 últimas ediciones, no me arrepiento de haber hecho menos kms de los planificados, ni me lamento por el resfriado que he pasado, ni estoy preocupado por si el dia de la carrera hará frio o calor. Ni siquiera he escrito crónicas en el blog ya que tampoco he participado en carreras para preparar el maratón.

Desde poco antes de julio llevo entrenando otro maratón, uno en el que me he tenido que levantar por la noche 6-7 veces, en el que he madrugado los fines de semana y vacaciones, en el que casi no he corrido y algunos días tampoco he dormido. Todo esto con un objetivo, cuidar del pequeño Darío y disfrutar con sus sonrisas y carantoñas. Preparar el maratón habría supuesto sacrificar tiempo con Darío y es algo que no quiero hacer.

A pesar de mi particular entrenamiento no voy a negar que las semanas previas me sentía raro. Mi rutina no era la misma de los ultimos 3 años. Parecía que el maratón no iba conmigo, sentía cierta nostalgia y, por que no decirlo, envidia. Las redes sociales se llenaban de reflexiones, dudas de ultima hora, consejos y la cuenta atras del maratón. Quedan 10 días, quedan 9 días, así hasta que llega el día 17 de febrero, son las 7:30 y yo estoy dando el biberón a Darío. Cualquier otro fin de semana, después del biberón me hubiera acostado, pero hoy, aunque no voy a correr el maratón quiero estar presente, ser testigo en primera fila y animar a los amigos que lo corren.

La excusa era ir a hacer fotos y animar a un amigo que debutaba en maratón. El cambio de recorrido, haciendo más fácil ver la carrera desde distintos puntos kilométricos, me permitirá disfrutar y rememorar las sensaciones conforme la carrera avanza.

Dejo el coche en el aparcamiento de Blas Infante con idea de ir andando a recoger a mi amigo Ricardo y desde allí andar hasta algún punto del recorrido del maratón. La verdad es que el nuevo trazado facilita bastante el desplazamiento. El plan es ir a la zona de la Torre del Oro, por donde podremos ver 2 pasos de los corredores. Mientras nos vamos acercando escuchamos la salida, asi que no sabemos si llegaremos a tiempo de ver el primer paso de nuestro amigo.

Voy con la cámara preparada, pero me resulta difícil quitar la vista de los corredores que van pasando delante mía. Tengo la sensación que parte de mí está en cada uno de las personas en las que me fijo. Recuerdo mi paso por este punto en anteriores ediciones, cómo aún estabamos frescos y con ganas de reir. Al estar tan cerca de la salida la euforia de los corredores es muy grande.

Al ser tan denso el pelotón es complicado identificar caras conocidas, creemos que nuestro amigo ya ha pasado cuando es él quien nos saluda. Sonrisa en la cara y alegría al vernos, reconozco esa sensación. Siguen pasando corredores, todos con cara de felicidad, aún hay poco sufrimiento en sus caras.

Tras el paso del ultimo corredor nos dirigimos a desayunar a un sitio cercano. Sigo sintiendome raro, desubicado. Volvemos a ver a los corredores, en general aún con gestos de excitación, aunque se puede ver ya a alguno con alguna cara no tan eufórica. Llevan 13km y aún es pronto para notar el cansancio, los que lo notan lo pasarán mal. Estamos pendientes de nuestro amigo, que de nuevo nos ve antes que nosotros a él. Pasa de nuevo a buen ritmo, entre 3h30min y 4h, así que esta será la referencia que tendré en cuenta para seguirle.

Sigue el paso de los corredores, cada vez más separados, con más huecos entre ellos, cada uno con sus ritmos ya asimilados. Yo continúo igual, sintiendo que me falta algo, quizás sea unas zapatillas, ropa de correr y estar corriendo, pero es algo más. De nuevo esperamos al ultimo corredor antes de cambiar nuevamente de ubicación.

Vamos andando hasta la zona de salida, donde esperamos la llegada de los primeros clasificados.

Es todo un espectáculo verlos correr. Aquí me despido y continúo el seguimiento de nuestro amigo, en esta ocasión en la Pza. de España. Aquí las caras son distintas, ya han pasado más de 30km, algunos han saltado el muro y otros han salido tocados. En el momento en que llego los ritmos de los corredores son cercanos a 3h-3h:30 por lo que no se ven grandes desfallecimientos, simplemente caras de sufrimiento.

En esta zona es donde siempre me espera mi media naranja para darme un ultimo aliento, hoy soy yo el que está aquí animando. En lugar de buscar con la mirada a alguien que me anime soy yo el que busca alguien a quien animar. Sigo sintiendo que me falta algo y no logro averiguar el qué.

El paso del globo de 3h30min me hace estar más atento, cámara en mano intentando captar el paso de mi amigo. Recuerdo alguno de los corredores que pasó antes que él por lo que, salvo desfallecimiento, debe estar a punto de pasar. Cojo una buena posición, justo a la salida de la Pza. de España. Finalmente lo veo, esta vez ya no hay sonrisa, no ha sido capaz de verme y ni siquiera escucha mis ánimos, pero le sigo viendo bastante entero. Tras su paso disfruto unos minutos más del ambiente y me vuelvo a la meta.

Voy andando solo, cruzandome con todos los familiares que estan animando y moviendose a un lado y otro del circuito. La sensación de que me falta algo no desaparece, parece que conforme se acerca la llegada a meta de mi amigo aumenta un poco más.

Consigo colocarme en un buen sitio, unos metros antes de la alfombra azul que lleva a meta. Esta localización me permite ver claramente la llegada. No paran de pasar corredores, todos con cara de alegría por estar tan cerca de conseguir el objetivo de finalizar el maratón, con excepción de unos pocos corredores que por causa de calambres tienen que pararse a estirar y algunos incluso van cojeando.

Aguanto en esa posición hasta que logro ver a mi amigo, por mis cálculos va en menos de 4h así que estará contento. Ha aguantado a un ritmo constante, ya que siempre lo he visto en el rango de 3h30min 4h. Le hago varias fotos y le doy un último grito de ánimo al que me responde girando la cabeza y sonriendo, aunque se le nota el esfuerzo.

Espero unos minutos y me vuelvo camino del coche. Voy andando tranquilamente, disfrutando del ambiente. Corredores caminando cansados con sus familias, corredores que disfrutan relatándose entre ellos la carrera, corredores que estiran y que se lamentan por no haber conseguido la marca deseada. Pero todos tienen algo en común, han finalizado el maratón.

Llego al coche, es entonces cuando descubro el origen de esa sensación que me tenía intrigado. El día del maratón, ya sea viendo, animando y haciendo fotos o corriéndolo necesito que Darío, mi hijo, me acompañe y disfrute junto a mí. Este año no corrí el maratón porque no me lo preparé, preferí pasar el máximo de tiempo con él, y tampoco me acompañó porque es muy pequeño aún.  Hasta que no pueda llevármelo a entrenar en su carrito no quiero prepararme el maratón y cuando no lo corra espero que me acompañe a verlo y me haga mil preguntas. Me complementa y es una parte muy importante de mí.

 

 

 

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